En la cárcel de Devoto, en Buenos Aires, Alpha comenzó a funcionar de la mano del padre Matías, un sacerdote que decidió llevar el curso a un contexto donde la esperanza suele ser escasa.
Las sesiones se convirtieron en un espacio distinto dentro del penal.
Un lugar donde las personas privadas de su libertad podían hablar sin máscaras, sin roles y sin condenas adicionales.
Un espacio donde, a través de Alpha, muchos comenzaron a redescubrir algo que el encierro y la violencia les habían ido quitando: su identidad como hijos amados de Dios y su dignidad como personas.
Uno de los participantes fue Reinaldo. Marcado por una historia de violencia, adicciones y rupturas familiares. Durante Alpha, Reinaldo comenzó a replantearse su vida, su identidad y su relación con Dios.
Hoy da testimonio de cómo ese espacio fue el inicio de un proceso profundo de transformación personal.